EN HONOR A LA JUSTICIA Y QUIEN LA IMPARTE

Hace algún tiempo ya que escribí este artículo y estaba dedicado a otra persona pero creo que podría haber pensado exactamente igual del trabajo de la Juez Mercedes Alaya por ello, permítanme recordarlo...

Es por muchos sabido, que la dama que representa la justicia, lleva una balanza en una mano y los ojos vendados. Mil interpretaciones se ha dado, a este último detalle, sobre todo, entre aquellos que por un motivo u otro, han tenido decepciones con nuestro sistema judicial, repito e insisto SISTEMA judicial, y no con la justicia como ente general.

            Por desgracia, las noticias publicadas en general, en los medios de comunicación, suelen traer a colación, las injusticias, arbitrariedades y la falta de independencia del poder judicial en muchas ocasiones. Es por eso que el ciudadano de a pie, normalmente, suele mostrar desconfianza en dicha Institución. Y ni que decir tiene, de los abogados, que dentro de este sistema, pelean a diario.

            Pocas veces trasciende el trabajo bien hecho de un juez, pues se da por hecho, que es lo normal que un profesional, despache así sus asuntos. Pero señores míos, en los tiempos que corren, es mi obligación, escribir estas líneas dedicadas a aquellos que hacen, no bien, sino con una especial dedicación  y cariño su trabajo, como es el caso de una jueza con la que me ha tocado verme las caras no hace mucho en los juzgados de Torrelavega.

            NO importan las circunstancias, ni el sentido de su sentencia.  Y pido disculpas por anticipado, por las renuencias con las que acudí a su cántabro tribunal, pues por profesión y formación, son demasiados los prejuicios que tengo sobre la aplicación de la justicia en nuestro país.

            Solo quiero y deseo, romper una lanza en favor, de tantos Jueces y Magistrados de provincias, que con exiguos medios y plazos, estudian a fondo las demandas que a sus salas llegan. Que desenmarañan, escudriñan, y valoran escritos,  valoran pruebas, no solo acorde a ley, sino también recuperando ese escaso sentido, que es el sentido común,  o como decía mi buen  y querido profesor, el Magistrado Pepe Quirós, saben leer entre líneas y entre gestos.

            Y especialmente, quiero agradecer a su Señoría, que me haya devuelto la confianza en una profesión, que tenía desterrada, al menos en lo que a su ejercicio se refiere, por su profesionalidad, buen hacer y sentido de la justicia.  Haciendo suyo, aquello que recomendaba Antonio Cuellar Salas al buen juez, es decir, que al impartir justicia, no debe hacer lo que sabe, sino que debe saber lo que hace.

Espero que muchos de sus colegas, ejerzan con igual dedicación tan delicada profesión, para que pronto, sean muchos los españoles, que recuperen su fe en nuestro sistema judicial, y vuelva a tener sentido aquella celebre cita que dice que no hay otra virtud más grande y divina que la justicia.