Despertar los sentidos

   Imaginen una manzana verde, muy verde, brillante, de esas que parecen de cera. Un cuchillo afilado, su acero está frio, alguien lo maneja con destreza a escasos centimetros de donde se encuentra, y sobre una tabla de pizarra, de un corte limpio, secciona la manzana en dos trozos, que ruedan sobre si mismos para apoyarse sobre un costado, despacio, meciendose levemente. Ahora el cuchillo esta humedo, impregnado del frescor de la manzana, una gota de zumo cae sobre el mantel blanco dibujando una forma caprichosa. Su olor ácido inunda nuestro olfato, con esa sensacion que se cuela hasta el lugar donde las mandibulas tocan con los extremos de las orejas.

  Empezamos a segregar saliva, imaginando su sabor, pero no podemos probarla.

  Una copa negra, imposible distinguir su contenido, oculto entre los cristales opacos, pero podemos oler su contenido, que se mezcla con el de la manzana. Nuestro sentido del olfato se pone alerta, empieza a enviar señales al cerebro, que en lo mas reondito, intenta descifrar el códogo se aromas: ¿tomate, hierba recien cortada, uvas? pero es espeso, el oido se adormece.

   Se aclaran la boca con agua con gas, muy fria, inolora, inodora, apenas deja a su paso por el paladar  del regusto del anhidrido carbónico de sus burbujas.

   Una mirada complice, y entonces, tienes que ponerte un antifaz negro, la luz se apaga, y se encienden los sentidos.

        Así empezó el ritual, el ritual de una cena.

 

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      Una cena que nos propuso Pedro Mario, alguien que ha decidido reinventarse. Alguien que pensó, en crear un ritual para despertar los sentidos. Una manera de dar un impulso a su restaurante, de sorprender al comensal, de convertir algo tan rutinario como el acto de comer, en una experiencia diferente, un reto, un desafio.

Gusto, tacto, olor e intuición. Jugar y divertirse, con la comida, con su pareja o los amigos.

       La espera entre cada plato, la sensación de entrega con los ojos vendados, recorrer un cuenco con las yemas de los dedos inexpertas para adivinar su contenido, forma, temperatura.

Un golpe de aire fresco, el tiempo se detuvo, por unos instantes, dulce, salado, ácido, frío, caliente, ma non tropo...

       Gracias a mis amigos del Hermitaño, por esta agradable experiencia, por obligarme a recordar, el sabor de una manzana verde sin probarla, por recordarme, que los sentidos, no es el sentido, y que si se quiere, se puede.

   Imaginen...Una manzana verde, muy verde...

   Les recomiendo la experiencia,

   www.elermitano.com

 

 

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