E-milios: REIRSE NO ES BUENO, ES LO SIGUIENTE...


            Reirse es realmente bueno, hasta que te duelan las mandibulas, aunque no siempre es fácil. Sobre todo si tenemos puestas las noticias. Y con tanta mala cara, nos olvidamos que cuando uno va cumpliendo años, tiene dos formas de conservarse: como el pescado, en salazon o vinagre, o como la fruta, en azucar. Tu decides, yo desde luego, pienso hacerlo como mi abuela, a base de carcajadas, y así cuando llegue a los 80, poderme dar el lujo de decirle a la dependienta de la seccion de cremas eso de -señorita, deme una crema, pero de las normales, nada de esas que quitan las arrugas, que han sido muchas las risas que me he tenido que echar en esta vida para tener estas arrugas.

    Y de eso me acordé yo ayer, a pesar de que cada vez que me reía, veía las estrellas.

 Verán, a estas alturas, uno piensa, que hay cosas que solo le pasan a los demás, y hasta te cachondeas de tu madre cuando recuerdas que te decia eso de que hay que llevar la muda limpia, por si te pasa algo. Je je, pues, no, je je no, que luego las cosas pasan y tu con estos pelos...

 El caso es que un dia, por la mañana, te vas riendo de las chorradas que cuenta una tertuliana sobre las faenitas que tiene que sufrir una cuando va al ginecólogo, pero hombre, de lo malo malo, es algo previsto, para lo que te pones siempre bien conjuntada, aunque solo sea para que haga mono colgado en la percha.

 Sin embargo, cuando vas al fisioterapeuta, que es mucho mas posible que te vea las bragas, sueles hacer lo mismo, pero no te pones tan extricta, y mas cuando es una mujer, la tienes confianza y encima vas jorobada, muy jorobada. Vamos, yo ayer iba, pa talleres, con lo que solo pensé en ponerme un vestidito de lana calentito, a juego con las medias y lo reconozco, la fajatanga, porque por muy fastidiada que esté una, no le gusta ir marcando braguita.

  Además cuando vas a darte un masaje, siempre piensas que saldrás mejor que entraste. Ja ja otra vez. Sobre todo si se te ocurre estornudar a medio masaje y lo que se inicio como un lumbago, se convierte en un bloqueo total, de los de ni de pie ni sentao, ni tumbado, ni haciendo el pino. Tiesa, a cuenta del estornudo, me quedé tiesa como la babosa que se olvido mi hijo en una caja de madera dentro de casa sobre el suelo radiante. Y claro, hoy ya me enterado, que no soy la única a la que le ha pasado algo así, pero hombre, pasarme en un centro de fisioterapis en la segunda planta de un centro comercial en hora punta... Al comprobar, que la tiesez no se pasaba de ninguna manera, mi terapeuta y yo, llorabamos y reiamos a partes iguales, ella se reía de los nervios y yo lloraba del dolor de reirme buscando una solución, que despues de un buen rato y varios intentos fallidos de desbloquearme, solo pasaba por llamar a una ambulancia para llevarme al hospital.

Después de un rato de muchos nervios, llegó la ambulancia con cuatro maromos, por cierto de lo mas amables, y una vez descartado que me hubiese dado un infarto ni nada parecido, cosas del protocolo, llega el momento logistíco de cómo sacarme de la cabina, mas estrecha que la momia de Tutancamon, y tras decidir pasarme en bloque a una tabla rigida como un demonio, empezó el cachondeo de verdad, claro, el cachondeo para los demás... y la cantidad de cosas que se me empezaron a pasar a mi por la cabeza cuando vi que de verdad me iban a sacar así por el medio del centro comercial en hora punta, ya se lo pueden imaginar.

Ahi, lo de consejo de la muda limpia se quedó de lo mas corto, porque lo primero, ¿a quien se le ocurre ponerse vestidito de lana para que te anden pasando de camilla en camilla de plástico, que cada vez que me tocaban, del frota frota, pegaba unos calambrazos que los chicos del 112 llegaron a pensar que en vez de una damisela en apuros habian pescado un pez de esos que dan descargas eléctricas.

Despues de la pasarela,  llegó lo de pasar del montacargas a la ambulancia. Vamos, no me joroben que todas las comunidades de vecinos han tenido que hacer una rampita aunque sea con un 35% de desnivel para las sillas de minusvalidos, y el ascensor del centro comerecial sale a una zona en la que hay un escalon de mas de un metro. Así que,  que cómo bajamos a la rubia por aqui. Pues nada, menos mal que la rubia a pesar de dar mas calambres que una medusa, no llega a los 60 kilos y entre los de la ambulancia, los seguratas del centro comercial y un espontaneo que pasaba por alli me bajaron en volandas, vamos que ni el manteo de Guardiola. ¡Prueba superada!

Ya en la ambulancia, vuelvo yo a pensar en lo de  la muda, y me acuerdo de mi tia Sofía, planchando el lacito de las braguitas, por  si le pasaba algo también. Ella si que es lista, y además se nota que trabaja en Urgencias. Y yo con mi fajatanga, sin lacito, por supuesto. -¿Pero  a quien narices se le ocurrio inventar las bragas sin costuras y decir que es para que no se noten. SI a los tios les encanta intuir las puntillas... y me importa un pimiento que Begonce las haya puesto de moda por muy buenorra que esté.

Estaba yo en esos pensamientos, cuando veo que arrancamos, y mi acompañante, en un ademán de ser amable me tranquiliza a proposito de lo de quedarme tiesa por un estornudo. -Fijate- me dice muy serio, - si no tuviesemos el instinto de cerrar los ojos cuando estornudamos, éstos se nos saldrian de las órbitas...

-Joer- me dije yo imaginandome que no los hubiese cerrado, la pinta que tendría tiesa como la babosa, con los ojos salientose de sus cuencas sujetos por un muelle, como los dibujos animados, y con la faja tanga. Prometo desacerme de ella en cuanto salga de esta, me propongo.

Por fin llegamos, y puedo dejar de pensar esto  por unos segundos, cuando veo a Carlos esperandome a la puerta. Y ala carreras otra vez hasta el box. Afortunadamente me vuelven a traspasar entre cuatro hombretones con mucha delicadeza que mi vestido y yo misma agradezco dandoles unos buenos chispazos.

Enseguida el medico de urgencias, viene a reconocerme, y ordena que me pongan un buen chute para que se me pase el dolor. El gotero empieza a pasar, los dolores a remitir, me encuentro mejor y llega una pobrecica con la cadera rota, mucho mas fastidiada que yo, así que decido cerrar los ojos, agarrar muy fuerte de la mano a mi marido y seguir sonriendo... aun me duele todo, pero si mañana consigo reirme un poco de mi sombra, y escribir todo esto, seguro que me encuentro un poco mejor.

Gracias a las chicas del gimnasio, por intentar hacerme reir para pasar el mal trago un poco mejor, a los chicos del 112 por su rapidez y cariño, a los guarda jurados, y al esponteneo que les ayudo a sacarme en volandas, y a todo el personal de urgencias,por hacerme sentir que estaban de verdad preocupados y ocupados conmigo, a todos los amigos que estuvieron pendiente por si hacia falta algo, y gracias a ti Carlos, porque a pesar de haber sido uno de los dias mas aciagos de tu vida, lo dejaste todo para estar a mi lado.

Y a ustedes, porque aunque no les veo, seguro que si han llegado hasta aquí, me habrán dejado una sonrisa...