RECUERDA QUE ERES MORTAL

                Dicen que en época del imperio Romano, cuando un General llegaba victorioso a Roma y se le recibía en honor de multitudes, a su lado siempre había un esclavo que le susurraba constantemente al oído Memento moris, memento moris  , es decir, recuerda que eres mortal. Por la cosa de que no se le subieran los laureles a la cabeza.

                En el siglo XXI, quedan pocos héroes, y afortunadamente ningún esclavo, pero por si acaso, una se cree una heroína en un  momento dado, en nuestra época lo que tenemos son los maridos, para recordarnos que somos mortales, bueno, y las sartenes que echan  humo cuando nos queremos hacer las guays presumiendo de la cantidad de cosas que podemos hacer a la vez, y se nos ocurre escribir este artículo mientras preparas el cocido para mañana y un sándwich para cenar al mismo tiempo.

                Pero a lo que íbamos,  ahora que ya tengo el sándwich en el plato y la olla bajo control. Las mujeres, solemos tener… cómo lo diría yo, momentos de subidón que alternan con otros de bajón absoluto entre los que puede mediar simplemente, un pequeño comentario de nuestros maridos, pero claro, a ellos les gusta achacar estos cambios de humor a las hormonas… ¡Ja!, eso sería en la época  de los romanos, en que nosotras teníamos tiempo de preocuparnos de nuestras hormonas.

                Entonces, aunque mandes más que la leche en tu trabajo, hayas corrido más que el vaquilla, y tengas más juegas a la chepa que Dinio, de repente, empiezas a preocuparte por otra persona más que por ti misma. Sigues yendo a la peluquería para ponerte mona, y quitándote los pelos de las piernas, pero encontrar un hueco para ello, es más difícil que hacer un sudoku. Y no te cuento si tienes niños, pero no importa, también además de supe trabajadoras, y super esposas, somos super mamás, y mientras haces los deberes con el nene,  cierras una operación importante  por  teléfono, mandas un mail con el dedo que te sobra de la tiza de la mano derecha y con la izquierda te quitas la tira arranca puntos negros que te has puesto en la nariz. Y no te importa, porque le quieres y además insistes en prepararle un plato de cuchara para el día siguiente porque es lo que le gusta.

                Entonces, él llega a casa, porque no se sabe muy bien porqué, pero el siempre llega más tarde a casa, ha trabajado más que tu y está más cansado que tu, por lo que además de no notar  que fuiste a la peluquería, si aprecia que tienes la nariz roja. Si, no ve que ya no tienes puntos negros, pero si que está roja… No importa, te echas en sus brazos porque a medio día se le olvidó decirte que no venía a comer. Y recuerdas que eres mortal.

                No importa, tu quieres contarle lo de la firma con los chinos que ha sido un infierno, pero finalmente les has convencido de que firmaran el contrato con la empresa para la que trabajas. Hoy todos te han felicitado, pero él solo te pregunta, ¿y tú que sacas de ello? No te joroba, el 2% de la operación. Está bien, recuerdo que soy mortal…Y tu tienes un sentido práctico que para sí lo quisiera tu madre…

                Estas a cien, presentas un libro, ¡por fin!, todos te alaban, él ni siquiera hace un comentario sobre el tema y llega tarde a la presentación. Recuerdsa que eres mortal…

                Vas a la peluquera, por fin, te cambias el corte incluso el color, ¡te sientes divina, maravillosa, guapa! Y cuando le ves, él te dice, -te noto rara...- ¡Vale, bien, soy mortal…!!!!

                Donde estábamos, eso, llega  a casa, te habías echado a sus brazos. Por supuesto se escabulle  porque un hombre, lo primero que hace al entrar en casa, todo el mundo lo sabe, lo primero que hace es abrir la nevera. Como si un día de estos les fuera a salir Scartett Johanson. Pero no, los hombres son mucho más básicos, y en sus necesidades primigenias, primero está la comida, por ello lo que buscan en la nevera, son las sobras del medio día, no a Scarlett.

                Como ya lo sabes, porque le conoces, te ofreces a cocinarle unas croquetas para que picotee algo, que aun quedaban de ayer. Hechas por ti, de chorizo y huevo, sus favoritas por supuesto, nada de Findus, y el muy cretino te dice que genial, porque así le da tiempo a cambiarse para ir a jugar una partidita de pádel, se le había olvidado comentártelo, como lo de la comida.

                Claro, tú te coges un rebote del dos, porque él aun no ha reparado en que el nene no está en casa, no,  hoy está en casa de tu madre  porque habíais quedado para  salir a cenar juntos.

                -Bueno mujer es que ¿sino cuando voy a jugar?, si a las 11.30 de la noche estoy aquí.

                Y ahí se desata el lio. Porque claro, tú te cabreas, normal, después de hacer el pino puente para cuadrar un rato juntos, después de anular la cena con una amiga por enésima vez, después de no ir al gimnasio para que te dé tiempo a ducharte antes de que él vuelva,  él se olvida de comentarte que había quedado con su pandilla de cuarentones vigoréxicos para jugar una partidita. Y recuerdas que eres mortal, super mortal…

                Y claro, como te pones farruca, llega la palabra mágica, si si, la palabrita que a mí personalmente me cabrea más que cuando a Michel J.Fox le llamaban gallina en Regreso al Futuro. El me llama MARUJA, como lo oyen, Maruja yo. Una que aun tiene los güitos de ponerse tacones de 12 cms para ir a trabajar, no ha visto un rulo ni de lejos, y todavía puede salir por la mañana con la cara lavada y recién peiná. Una que todavía sabe cómo poner a 200 en tercera una R sin despeinarse (por el casco claro).

                ¡Pero tendrá cara!, si el otro día le oigo cuchicheando con un coleguilla que como notan que su mujer y yo nos cabreamos por su quincuagésima partidita de la semana, han pensado hacernos creer que tienen una amante, para que cuando nos enteremos que en realidad van a jugar al pádel, nos pongamos contentas….(Tu no te escojones chaval que has pensado hacerle lo mismo a tu mujer)

                ¡Me caguen en el pádel y el que lo inventó!

                 Pero es que no queda ahí la cosa. Después de la bromita, han reconocido que si conocieran ahora a otra chica le preguntarían –Y tu mona ¿estudias o haces croquetas?

                En qué quedamos, si haces croquetas, eres una maruja y no les molas pero les molan las croquetas. Pero la respuesta buena, cuál era: ¿qué estudias o que  haces croquetas?,? ¿ y si estudio mientras hago las croquetas, entonces no soy maruja?  Anda ya, lo qué me faltaba, ponerme a estudiar ahora también, con dos carreras que llevo  a la chepa. Para que digan que las mujeres somos complicadas…

                Dios mío, definitivamente soy mortal, y si no fuera por la hormona (bueno y alguna cosilla más), ahora que ya no sabeís ni arregalr un grifo, anda que os íbamos a aguantar…

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