Previo Capitulo XIII

Volviendo a mi historia, que ya está bien de consejos, que una no es Elena Francis.

Era uno de esos horribles días en los que empiezas a preguntarte, quién demonios te mandaría darte tanta prisa  en terminar la carrera, ¡con lo bien que se vivía pidiéndole a mamá la propina los fines de semana. Disfrutando de 3 meses de vacaciones y sin mayor dilema que  ¿aprobaré o no aprobaré?

 Llevaba varias semanas de horas extras, lo que suponía quedarme casi todas las tardes a trabajar, en un lindo horario de ocho a ocho. Salir de casa de noche y volver otra vez de noche. Caixa para aquí, Caixa para allá, hasta el punto de plantearme una salida a tal situación.

Sabía que todo eso era necesario para ganarme una reputación y conseguir ascender, pero es que no hay labor más ingrata que la no reconocida, y la mía además de anónima estaba escasamente retribuida, con lo que el desanimo cada vez se apoderaba más de mí.

Cansada y rendida, escucho como suena mi teléfono, una vez más. Línea interna, me llamaba el jefe, -¿Y ahora que querrá?-, me pregunté esperando otra tacada de problemas a resolver.

- Marieta, ven por favor, tenemos trabajo -, me dijo Emilio.

- Ya me imaginaba yo que no era una invitación para ir a cenar... - Pensé mientras colgaba y me encaminaba al despacho. –Tampoco creo que me llamase para felicitarme por mi “desinteresada y altruista” jornada de trabajo, ¡no te fastidia!, pues para flores está la cosa.

En cuanto entré algo me dijo que no me iba a gustar nada el trabajo ese que teníamos, y digo teníamos en plural, por decirlo de alguna forma, porque normalmente la que tenía que hacer el “trabajo sucio” era yo.

- Siéntate -. Me indicó

- Uy, uy, uy, esto si que va para largo, que cuando me manda hacer unas fotocopias no suele mandarme sentar -, me dije.

-Verás- comenzó con aire de preocupación, - cada año, recibimos una orden de la Central de Préstamos para revisar todos los expedientes que tenemos de más de 4 millones de pesetas, lo que requiere un esfuerzo considerable por parte de la Oficina, así que este año he pensado que tú podrías realizar esta labor y así te vas familiarizando con este tipo de operaciones. Aquí tienes la lista de los préstamos a revisar y la documentación que has de incluir. Si tienes alguna duda, me consultas. Por cierto tienes 30 días para ello.

Cogí el listado y si no fuese porque me daba vergüenza, me habría desmayado allí mismo. Han visto como se queda el Coyote cada vez que el Correcaminos le prepara una emboscada que concluye con un enorme pedrusco sobre su cabeza lanzado desde el alto de la montaña... ñaaaaaaaaaaa, pffffffff. Pues esa misma era yo.

- Cuatro páginas por cincuenta números de préstamo que contenía cada una, eran la friolera de 200 expedientes a revisar, y en un mes. ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!, sería una broma del destino, o una prueba más en mi agitada carrera como Lupra, pero si esto no lo hacen ni los GEOS.

-¡Organización!-, pensé, - seguro que existe alguna forma de llevar a cabo todo este chollo  que no me condene irremediablemente a terminar alojada en un manicomio de por vida.

- Podría empezar por hacer una selección de los más urgentes, después ir sacando los papeles que son iguales en un cierto orden...- Y mientras ponía en orden estas ideas, ¡Ta ta chan!, se me encendió la bombilla. Por mucho que dividiese, 200 entre unos 22 días laborables aproximadamente me salían a 9.09 por día, sumadas al resto de mis obligaciones, era imposible, la media posible eran unos 4 por tarde, lo que significaba que había dos posibilidades: a) No dormir, pero esta es poco práctica. B) Pedir ayuda....¿A quién?.....¿Qué es lo que mueve el mundo?...

Pues a mi querida hermanita. Sin lugar a dudas era la candidata ideal.

- Lo que hay que hacer es relativamente sencillo, y ella es una chica lista, que además suele estar corta de pelas, con lo que un poco  de recurrir a su compasión, y otro poco de recurrir a mi bolsillo... Además, si por casualidad alguien pasaba por la oficina y la veía no sería difícil de explicar que había venido de visita. Así que -¡Manos a la obra!- me dije, y esta vez en alto y todo.

En cuanto llegué a casa, tanteé el terreno.

- Hola gorda, que tal el día -, le pregunté. Lo de gorda, como pueden imaginarse es un apelativo cariñoso ya que mi hermana los 50 kilos no los pasó hasta después del sexto mes de embarazo muchos años después…

- Bien, la verdad es que llevamos toda la mañana de cafés, como la profe de contabilidad, para no variar no apareció y no había avisado, pues no nos íbamos a marchar para una hora libre, y después tampoco vino el de inglés, ¡pues no veas que plan!.- Esto lo dijo sin mayor inconveniente.  Por lo que se veía debía haber desplumado a sus compañeros jugando al mus, que es el deporte nacional en la mayoría de las Facultades de Empresariales de España cuando te dejan alguna hora libre entre clase y clase. Así que decidí atacar con decisión. 

- Pues yo estoy hecha polvo -. Dije con una voz de auténtico corderillo a punto de ser degollado. - Tengo un follón increíble en la Oficina, y encima para no variar, otro chollo que ha llegado, me ha tocado a mí -.

- Bueno mujer, no será para tanto, seguro que puedes con ello- me intentaba animar.

- Si, si, que te lo crees tu, si es que no tengo tiempo material para terminar, me han dado un plazo de un mes y necesito dos....-, continué con una cara de pena, que si me veo en un espejo me pongo a llorar hasta yo misma -. ¡Qué dotes de actriz!.

 Si te puedo ayudar...-,  me respondió, así sin mucho convencimiento de primeras, como si solo lo dijese para quedar bien, pero no necesitaba más, con lo que antes de que terminase con la frase, empecé a hacerle un poco la pelotilla, en plan, -¡Gracias, gracias y gracias!. ¿Seguro que no te importa?, porque vamos a necesitar varios días y tienes que venir hasta Astoria.- Y antes de que pudiese decir nada seguí. - Pero bueno, no te preocupes que yo te pago el autobús y te lo recompensaré...

Silencio.

- Está bien, ¿cuándo quieres que vaya?...

¡Salvada!, dicho y hecho. Al día siguiente tenía a mi hermanita en la Oficina tecleando como una loca los documentos mientras yo hacía los informes, con lo que en un tiempo récord conseguimos terminar la revisión de todos los expedientes. Eso si, no se lo dije a nadie hasta el día tope de entrega, con lo que por 5.000 pesetillas, me pude tomar unas cuantas tardes libres que se supone tenía ocupadas con ese trabajo tan pesado encomendado a la Oficina, y que en un gesto de altruismo yo había cargado sobre mis hombros, y como todos sabían bien el tiempo que llevaba, a nadie se le ocurrió mandarme tareas extras en ese tiempo.

Moraleja: en estos casos, ya lo saben, nada como una buena organización, sobre todo si organización tiene manos con las que ayudarte. Pero no se lo digan a nadie....

 

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