MIRANDA ROBLENUEVO

    Llegó el día, el gran dia de mi colega de profesion y amigo, Senen Villanueva. Hoy por fin, presenta la tercera parte de las aventuras de Miranda Roblenuevo, y como les adelantaba, a mi me toca el honor de compartir mesa en su presentación.

    Sé que por las fechas y el lugar, no será facil que acudan todos aquellos que quisieran, por ello, me he permitido, dejar aquí, lo que será mi pequeña intervención esta noche. No he querido hacer algo tradicional, pues el publico que esperamos será especialmente exigente y dificiles de contentar, imaginen, chavales de 9 años en adelante, así que pensé, ¿por qué no contarles una historia que les ponga en antecedentes del libro que hoy se presenta oficialmente?

  Espero, que ustedes, la disfruten también.

*     *    *

          Había sido un día duro, es lo que tiene la vida de los abogados, siempre pendientes de las fechas, sus papeles y lo que diga su Señoría, y después de diez días trabajando sin descanso, por fin llegó a tiempo para presentar la demanda.

          Se dio cuenta, que en ese tiempo, había prestado poca atención a su mujer y su hija, y se prometió compensarlas el fin de semana.

          La casa estaba en silencio, pues ellas ya se habían ido a acostar  hacia tiempo. El se había demorado un rato frente al televisor, esperando que le entrara sueño, pues cuando tenía exceso de actividad, luego le costaba desconectar. Apagó la tele y se acercó a la ventana. Era una noche clara, y las primeras estrellas hacían aparición junto a la brillante luna en cuarto creciente. Por fín, apagó la luz del salón y se dirigió a su dormitorio.

          Antes de acostarse, se acerco al cuarto de su hija para darle un beso de buenas noches, pero ella estaba tan enrebujada en sus sábanas, que solo un mechón de su pelo rubio asomaba entre ellas, así que le envió un beso silencioso desde la puerta por miedo a despertarla.

          Pensó que le iba a costar dormirse, pero…la verdad es que se quedó roque en un periquete.

          Él tenía un sueño ligero, y a pesar de lo cansado que estaba, de repente, algo le despertó. No sabía muy bien que había sido, así que se dio media vuelta con la intención de coger al vuelo ese sueño que se le escurría entre las sabanas. Al momento, otra vez ese sonido, si había sido un ruido lo que le había despertado. Ya más despejado, se dio cuenta de su procedencia. -¡Mierda, me he dejado encendido el portatíl!- se dijo,- ¿Quién demonios me mandará un mensaje a estas horas?

          Intentó dormirse de nuevo, pero nada, se había desvelado por completo, así que después de varias vueltas, ponerse la almohada encima de la cara, debajo, en el medio y hasta en los pies, decidió levantarse y ver quién era el cabrito que le había desvelado con sus mensajes intempestivos.

          Se fijó  en el reloj, -¡Las tres de la mañana!- farfulló, -y encima, seguro que el mensaje es de publicidad.

          Se acerco sigiloso hasta el ordenador que había quedado sobre la cómoda y  abrió su cuenta de correo. “Tiene tres mensajes in leer”, decía la pantalla.

          Pinchó en la bandeja de entrada y vio los sobrecitos cerrados, -publicidad, publicidad y ¿¿¿Mateo??

          Uno de los correos lo remitía un tal “Mateo”. Pensó por un momento y concluyó que que no conocía a ningún Mateo, su primera  intención, fue enviarlo a la papelera de reciclaje junto con los otros pero, le intrigó el título del Mail “Díselo a Miranda”.

          Senén se quedó mirando fijamente la pantalla, mientras el mail se abría, no podía esperar ni un minuto más a ver su contenido, ¿sería una broma?

El contenido era muy breve, y decía así:

      Querido autor, soy un gran admirador de las aventuras de Miranda y sus amigos, así que he pensado que usted podría ponerme en contacto con ellos, pues en el pueblo en el que vivo, “Los prunos”, están sucediendo acontecimientos increíbles. No me atrevo a decírselo todo en este correo, pues puede pensar que esté loco o peor, que sea un mentiroso, pero de verdad, es que no se a quien acudir. Todo el pueblo está en vilo, pues cada noche recorre nuestro pueblo un misterioso tren, un tren…que no va por una vía normal, y aparentemente se dirige, a la Mina Flamia, una antigua mina, que lleva años cerrada…

          Bueno, creo que si se lo dice a Miranda seguro que tiene a bien ponerse en contacto conmigo. Carbón y yo (carbón es mi perro), le estaremos muy agradecidos, pues seguro que con su ayuda, conseguiremos resolver el misterio que tiene a todo el pueblo aterrorizado.

          Suyo:


           Mateo

          -Ale majo, ya estás contento- se dijo Senén a  sí mismo -si estabas desvelado, ahora sí que la has liado-. Bostezó, muerto del sueño, pero sabía que no podría dormirse, así que, para qué resistir. Salió discretamente de la habitación, y con el portátil debajo del brazo, se dirigió a la cocina a prepararse un café, no sin antes tropezar con sus propias zapatillas.

          Ya con un café caliente a mano, releyó, el mensaje, al cual por supuesto respondió, y si queréis saber que pasó tras esa noche de insomnio, pues no seré yo quien os lo cuente, sino que tendréis que haceros con un ejemplar del Ferrocarril Espectro, y como decían cuando yo era de  vuestra edad, “hasta aquí, puedo leer”.

               Muchas gracias por vuestra presencia.

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