Aventura en el Castillo de Dro (1ª parte)

         Se acerca fin de semana largo, y sé que desde hace mucho, he prometido que publicaría algo para los peques de la casa. Y ahí va, eso si, quiero que se lo conteis como corresponde a un cuento de caballeros, dragones y aventuras, nada de mariconadas con perdón, al estilo de Bob Esponja o Dora exploradora... Poneos de pie en la cama, coged una espada y saltar de miedo cuendo Viscerón entre en acción!!! Si os gusta, la proxima semana colgaré el final.

 AVENTURA EN EL CASTILLO DE DRO

Por María Cantalapiedra Ibáñez 

         Erase una vez, hace muchos, muchos años,  un noble caballero llamado Aspar. Tenía armadura y espada, pero no tenía caballo ni castillo en el que reinar. Sin embargo, tenía un amigo llamado Pálper, y en su  opinión eso era muy importante.

         Su amigo era un trovador. ¡Ah!, ¿que nos sabes que es un trovador? Pues los trovadores, eran los músicos que había en la edad  media, que con sus laudes y canciones, relataban las historias que sucedían para que no se olvidaran, pues casi nadie sabía ni leer ni escribir, y los libros, un lujo al alcance de pocos.

         Un día, mientras recorrían un bosque en busca de aventuras, llegaron a un  claro donde había un gran  castillo.

-¡Que bonito!-  exclamó Aspar -Este si que sería un castillo magnifico para conquistar- pensó el caballero.

Al acercarse, se dieron cuenta, que junto a la almena, había un norme dragón guardando el castillo.

El trovador, que sabía miles de historias, se dio cuenta entonces del peligro que corrían. Estaba seguro, ese era el Castillo de Dro y el dragón, el terrible  Vísceron, una mala bestia al que ningún caballero había vencido jamás. 

-Es mejor que nos vayamos de aquí- le dijo a su amigo sujetándole por el brazo y hablando muy bajito.

Pero Aspar, que era muy valiente, se zafó de su brazo desenvainando su espada. –Yo acabaré con el dragón y haré mío el castillo- dijo.

-No mi señor, así no- dijo el trovador interrumpiendo el paso y ocultándole tras un árbol. –Solo podremos ganarle con astucia e inteligencia – así lo cuenta un antiguo romance.

- Está bien, Pálper- dijo el   caballero, que no creía mucho en cuentos y leyendas, pero tenía gran confianza en su amigo. - ¿Cómo quieres hacerlo entonces?, ¿Haciéndole cosquillas al Dragón?

-No te burles y lee la inscripción.

Aspar, se asomó con mucho cuidado y se fijó en el cartel que había colgado sobre la verja del puente levadizo y leyó:

CLAVE para ganar el castillo. El

SOL saldrá, y podrá

Dominar al dragón, quien

Reconozca las

MI l adivinanzas que abrirán

FAcilemente sus puertas.

SOLamente el ingenio a

LA fuerza ganará.

SI te atreves, aquí está la respuesta con la que

Dormirás a Vísceron.

- No entiendo nada – dijo Aspar, -¿Pero que tontería es esta?

-Fíjate bien y lee las primeras letras de las palabras en vertical.

-Clave- sol- do- re- mi- fa- sol- la- si- do.

-¡Son las notas musicales!- Exclamó el trovador. A Vísceron, le gusta la música.

- Tú crees que a un tipo llamado Vísceron le puede gustar la música…

-¡Probemos! – dijo sacando su laúd.

Pálper, empezó a tocar una canción. Al principio, el dragón no le oyó, pues estaba muy ocupado en lanzar tremendos rugidos y llamas de fuego por su boca demostrando su fiereza, pero en un descanso que hizo, para aclararse la garganta, empezó a captar las notas musicales que llegaban desde el árbol en que Aspar y Pálper estaban escondidos.

         Entonces, los caballeros, con gran asombro, vieron como Vísceron, comenzó a mover su cabeza al compás de la música mientras decía:

-Música, me encanta la música.

         - ¡Que te dije!- exclamó Pálper saliendo de su escondite.

         -¿Dónde vas loco?, te va a comer asadito y sin patatas…- le dijo su amigo desenvainando su espada.

         -Guarda eso, amigo, no ves que no es tan fiero el Dragón como lo pintan.

         Aspar, que era muy valiente, pero también prudente, siguió a su amigo con cautela.

         El dragón, estaba tan ensimismado en la música, que no reparó en la presencia de los caballeros hasta que estuvieron junto a él. Estaba tan sorprendido de la valentía de aquellos hombres, que decidió darles una oportunidad antes de calcinarles con una de sus llamaradas.

         - Alto ahí, ¿Quién sois y que queréis?-les preguntó Vísceron.

         -Si sabe hablar- dijo Aspar sin dar crédito a lo que oía.

         -Pues claro que se hablar, tantos años plantado aquí como un pasmarote, al final de aburrimiento soy bilingüe en lenguaje humano, de animales varios y draconiano, claro…

         -Y además te gusta la música… qué dragón más raro eres- dijo el caballero.

         -Ya esta bien de preguntas, que la primera la hice yo, respondedme, quién sois y que queréis de una vez.

         -Vale amigo-, dijo el Trovador que era mucho más diplomático que su amigo. – Yo soy Pálper, y acompaño a mi amigo Aspar en busca de aventuras y un castillo que conquistar, pero venimos en son de paz. ¿Quién vive aquí?

         -Ahora nadie- , dijo Vísceron, -hace muchos años, vivió Grónvar,  un tirano  muy cruel y despiadado, hasta que un día, una bruja con la que se portó mal, hizo un encantamiento al Castillo   que nadie pudo deshacer. Dejó este pergamino con la clave  para romper el hechizo, pero Grónvar que además de cobarde no era muy listo, nunca consiguió descifrarlo,  y al final, harto de los ruidos que cada noche salían de las mazmorras, decidió abandonar el castillo. Y desde entonces, nadie que se haya acercado por aquí ha podido contarlo.

-¿Puedes enseñarnos ese documento?- dijo Aspar.

-Si tu amigo toca una canción que me guste, puede que lo haga…

Aspar, que tenía ganas de acción, empezaba a perder la paciencia, por lo que en cuanto Pálper vio que se llevaba la mano a la empuñadura de su espada, empezó a tocar una animada polca para convencer al dragón.

-Me gusta, me gusta- decía Vísceron como si la música le hechizase al instante.

-Pues dame ya ese pergamino- le dijo Aspar quitándoselo de las manos sin que el dragón opusiese resistencia.

Si pensarlo dos veces, el caballero se colocó frente a la puerta del castillo. Justo debajo de sus pies, había dos marcas que encajaban perfectamente con sus zapatos. Al presionar sobre ellas, vio que en realidad, había una plataforma giratoria. Aspar, no pudo evitar la tentación de moverla y en ese instante, sonó un rugido atronador de las mazmorras del castillo. El balcón superior, se convirtió en una gigantesca boca de piedra y el suelo empezó a temblar.

-A cubierto, detrás de mí- grito Vísceron.

Los dos hombres le hicieron caso de inmediato, justo cuando una enorme bola de piedra pasó por el punto exacto donde Aspar tenía sus pies unos segundos antes.

-¿Qué ha sido eso?- dijo Pálper sin dejar de temblar.

-Ya os lo he dicho, el castillo está encantado, abre el pergamino y estúdialo bien antes de internarte en él, ¡cabeza de chorlito!, o acabarás hecho picadillo. ¡Humanos!...

Cuando la piedra chocó contra un árbol, Aspar, abrió el documento, parecía un dibujo del castillo, con inscripciones y garabatos  que no parecían tener mucho sentido. Le dio la vuelta por si estaba al revés, pero tampoco así logró entenderlo.

-Muñuzep mucram sanga otram ongar-  leyó Aspar.

El dragón repitió al instante las palabras. –Está al revés- dijo convencido.

-¿Qué?

- Que lo has leído al revés, pone Ragno marto agsan macrun pezuñum, es draconiano, está clarísimo. Significa: evita  pisar las marcas de pezuñas…

-A buenas horas….-murmuró Aspar.

-¿Que has dicho?- dijo Vísceron ofendido.

- Que que buena cosa… es… saber idiomas…

-MMMmmm, pues saber música tampoco esta mal, así que si queréis que siga, quiero que me toques un vals.

-Pero eso es imposible. Se supone que estamos en la edad media, aun no ha nacido Strauss y no se ha compuesto el Danubio Azul, ni…

-Me da igual, esto es un cuento y si queremos, podemos hacer que ¿Cómo has dicho que se llama ese tipo?

-Strauss…

-Pues eso, que hacemos que el acchus… o como se llame, nazca en esta época y santas pascuas plín.

-Esta bien, pues ala, tocaré de Danubio Azul, pero concéntrate de una vez en seguir traduciendo las pistas. Aspar, ponle a la vista el mapa.

Aspar señaló con el dedo, una palabra que se repetía varias veces mientras mostraba el papiro a Vísceron.

-¿Qué quieres?- le dijo el dragón sin comprender.

- ¿Qué va a ser?, que me digas que pone aquí- dijo Aspar impaciente.

-Si claro, ¿y que más?, acaso no sabes que los dragones no sabemos leer.

- Ya, también se supone que no habláis, por  poner un ejemplo, vamos…

-Déjate de rollos y lee la palabra.

-Peligg…rous

-Peligrus, peligro… - dijo el dragón.

-Claro, peligro.  A ver la siguiente: “sucima”- leyó Aspar.

-¿Sucima?, ¿estas seguro?

-Completamente.

-Pues eso no es draconiano.

-También hay un montón de números, flechas y  un dibujo que parece ser un cofre del tesoro sobre el que pone “tesorian agsan”

-Marca del tesoro- dijo Vísceron con seguridad. –Para el resto, supongo que iréis encontrando otras pistas cuando entréis en el castillo.

-¿Y estas letras que hay junto  a las escaleras de bajada que significan? Pone algo así como “peligrus inteliagr est”.

-Es un viejo dicho de los dragones sagir, son la especie que se considera más lista, está escrita en todos los escondites donde vive alguno y significa: ganad al peligro con inteligencia.

-Pues no perdamos más el tiempo- dijo Aspar. –Entremos de una vez por todas, ya estoy harto de adivinanzas.

-Un momento- dijo Vísceron. Entonces, cogió una antorcha que había a la puerta del castillo, y la encendió con uno de sus rugidos de fuego. Creo que esto os hará falta ahí dentro.

-Gracias amigo- le dijo Pálper haciéndose cargo de ella.

Teniendo mucho cuidado de no pisar las marcas del suelo, los dos caballeros, atravesaron la puerta del castillo. Dentro estaba muy oscuro, por lo que agradecieron llevar consigo  la antorcha que les había dado el dragón. Todas las esquinas, estaban llenas de telarañas, y a su paso, las maderas crujían como si se quejasen.

-Primero bajaremos a las mazmorras- dijo Aspar consultando el mapa. La flecha en la que estaba el número uno indicaba en esa dirección, y a su lado estaba el dibujo del cofre, por lo que supuso que allí encontraría la primera pista para deshacer el hechizo. Decididos llegaron a las escaleras. Al pie del primer escalón estaba la misma inscripción que tenía el mapa: ganad al peligro con inteligencia.

Pálper se detuvo frente a ella, y se fijó que todas las escaleras que bajaban a las mazmorras no eran iguales, sino que algunas tenían esculpida en la piedra distintos signos. Acercó la antorcha para verlos mejor.

Sin darse cuenta, pisó el primero, que no tenía ningún símbolo y este se desmoronó bajo sus pies en un agujero que llegaba hasta el infinito.   

 Afortunadamente, Aspar que estaba muy cerca pudo sujetarle y así no cayó al vacio que se abrió bajo sus pies.

Con el susto, el trovador soltó la antorcha que rodó varios escalones abajo.

-Son números, pero están desordenados, quizá debamos pisarlos en orden- dijo Pálper, que había quedado tendido en el suelo y tenia mucho más a la vista los escalones y las marcas.

-Veamos si tienes razón- dijo Aspar. –pero por si acaso, nos ataremos con una cuerda a un sitio firme. El caballero, siempre llevaba una cuerda alrededor de su cinturón por lo que pudiera surgir, y este era un buen momento para darle uso. Ambos se ataron bien fuerte a una columna y juntos buscaron los números correctos en las escaleras.

-A la una,  las dos y a las tres-, dijeron los dos antes de saltar sobre el escalón que llevaba el número 1 y que estaba un poco más abajo.

El peldaño, se mantuvo firme bajo sus pies, recogieron la antorcha, y juntos, continuaron arriba y abajo saltando sobre los números correctos: 2, 3,4, 5 y así hasta el 11.

Al llegar al último, encontraron una puerta semi cerrada. Aspar la abrió con mucho cuidado. Dentro había una especie de niebla que no dejaba ver más allá de sus narices. –Vamos- dijo a su amigo. Caminaron unos pasos y se encontraron con un pasillo largo. Cuando llegaron a la mitad, el Trovador detuvo a su amigo y le dijo en voz bajita -Creo que no estamos solos…- Pero era imposible saberlo en medio de la espesa niebla.

(Continuará)

 

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