EL SECRETO DE BARLOVENTO...III

Llega el fin de semana, y la hora, se seguir con la aventura!!!!

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*             *                *

-¡Despierta Carlitos!- despierta.

-Pero ¿qué pasa?- dije dando un gran bostezo.

-Si no te das prisa te quedarás sin desayunar- me dijo mi prima arrancándome la almohada para darme con ella. Al quitármela, mi cabeza golpeó contra la caja, y entonces, me di cuenta.-¡Diantres!, me había quedado dormido y no había tenido tiempo de guardar la caja a buen recaudo.

-¿Qué tienes ahí?- me dijo María al descubrirla.

-Nada que te importe- le dije escondiéndola a mis espaldas, pero era demasiado tarde. Mi prima, no paró de acosarme durante todo el día hasta que le conté lo que había descubierto, así que quedamos que esa noche, seguiríamos leyendo juntos los papeles de la caja.

La mañana se hizo larguísima, no veíamos el momento de escondernos en casa para poder descubrir como continuaba la historia del abuelo. - La siesta es un buen momento-, dijo María mientras paseábamos entre las rocas fingiendo que íbamos en busca de cangrejos.

-Buena idea- le dije muy bajito con un gesto cómplice. María y yo, nos llevábamos muy bien, aunque fuese una niña, y cuando teníamos un secreto entre manos, teníamos nuestra propia señal, una cruz sobre los labios  con los dedos de la mano derecha cruzados y un golpe en el corazón.

Ella repitió el gesto, y después de la comida, vino corriendo a mi habitación. Cogimos la caja y subimos a la azotea. Hacía calor, pero en el cuarto de la lavadora estaríamos  a salvo de miradas curiosas. Si alguien subía, lo oiríamos en cuanto pusiera un pie en la escalera, lo que nos daba tiempo suficiente para tumbarnos en las hamacas y disimular.

Cuando por fin, llegó la hora de la siesta, y todos los mayores estaban en el piso de abajo viendo la tele, seguimos con nuestro plan, y juntos nos acomodamos en un rincón del cuarto de la lavadora,  abrimos la Caja y yo seguí leyendo en alto donde lo había dejado la noche anterior. Antes de empezar a leer, solemnes, hicimos nuestro gesto secreto.

*        *        *

Se encendieron varias antorchas para dar calor a la madera, había que tener cuidado si no queríamos que el barco ardiese, y después, con un enorme fuelle, le dimos aire, hasta que se enfriaron lo suficiente para poder rellenar con la pez las rendijas que quedaban, no había tiempo para lijados ni otros trabajos finos. El olor era horroroso, petróleo en estado puro. Pero el mejunje hizo su labor, y justo cuando la Osa Mayor hacia aparición pudimos zarpar rumbo a Isla Tabarca.

-¡Leven anclas!- dijo el Capitán.

Me fui con ellos, no se me ocurrió que debía regresar. Por alguna razón, pensé que aunque me echarían de menos, nadie esperaba mi vuelta esa noche.

Cuando despuntaba el alba, llegamos a Tabarca. Pasamos el día en la Isla, allí pudimos sacar el resto del agua de la bodega y cargar víveres. La isla estaba desierta, por lo que podíamos campar a nuestras anchas, bañarnos desnudos en la playa, y al final del día, tras una opípara cena, brindamos con el ron del capitán por le Barlovento y los vientos favorables.

Cuando el sol del mediodía calentaba hasta hacer la temperatura insoportable, me metí en un camarote que me había cedido el Capitán en agradecimiento a mi ayuda. Sobre la mesa, había pluma y papel, en el que decidí escribir esta fantásica historia. -Si solo es un sueño, no quiero que se eche a perder- pensé en ese momento.

Mientras pienso en ello, el Capitán ordena levar anclas, dice algo de zarpar rumbo al Cabo de Mil Ballenas, es extraño, nunca he oído hablar de él. Quizá desde allí encuentre un barco que me lleva de vuelta a casa. Por si acaso, he decidido dejar esta carta en la Isla, guardada en la caja de los plumines. Zarpo en el Barlovento en busca de aventuras. Estaré bien.

*        *        *

-¿Eso es todo?- dijo María echándose sobre el papel.

-Si mira, es como si le hubiesen interrumpido de repente, la última línea esta corrida y hay un borrón de tinta.

- ¡Tenemos que encontrarle!

-¿Estás loca?, además si llegó hasta casa la carta, qué te hace pensar que no la guardó el mismo?

-¿Quizá encargó a alguien que la trajese hasta aquí?

-La verdad es que es un misterio, pero desde que la encontré, he pensado mucho en él. ¿Y si en vez de en el cielo como dice mi madre, el abuelo está secuestrado por los bucaneros? Sea como sea que haya llegado esta carta hasta aquí, tienes razón, debo ir en su busca.

-Iré contigo.

-Es imposible, ¿dónde has visto tu a una niña en un galeón pirata? Además, las mujeres traen mala suerte en los barcos.

- Eso es una tontería, además, puedo ponerme ropa tuya, y con el pelo atado creerán que soy un niño yo también.

- De ninguna manera. Puede ser peligroso.

-No me importa, o vamos los dos o impediré que vayas tú.

-¡Mujeres!- exclamé en el mismo tono que tantas veces había escuchado a papá, pero esta vez entendía cuál era su significado.

-Tendrá que ser esta noche, hoy es el día del Carmen. ¿Crees que es una casualidad que lo encontrases justo ayer?- dijo María.

- No lo sé. Pero, ¿cómo crees que podremos llegar hasta la Cala de la Zorra nosotros solos?, si se dan cuenta, se armará una buena, y hoy seguro que todos se acuestan tarde por culpa de los fuegos artificiales…

-Tengo una idea…

 

 

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