El Bosque de las Pasiones

                Son muchas las historias que he escuchado a Jorge Bucai en Radio Nacional. Debo reconocer, que la mayoría de las veces, llego cuando han empezado, o incluso me quedo sin oir el final, porque desgraciadamente, suele contarlas en horario que yo estoy trabajando. Sin embargo, hoy, una salida inesperada, y el exceso de tráfico, me han permitido escuchar desde la radio de mi coche por completo esta leyenda, que hoy quiero versionar, con mis palabras, y sin su acento argentino, pero espero que con la fuerza, que hablar de las pasiones merecen. Allá voy:

                Dice la leyenda, que un buen día, estaban algunas virtudes rondando por un bosque. Aburridas de no hacer nada, la locura, propuso que jugasen al escondite. –De acuerdo- dijeron las demás.

bosque

   -Muy bien- dijo la locura, -yo la quedo-. Y tal cual es la propia locura, empezó a contar a su manera: -Uno, siete, veintidós, trece, cincuenta, ocho, quince y diez!!!!.

                Mientras tanto, las demás se escondieron. La timidez, solo se tapó los ojos, pensando que si ella no veía, nadie podía verla a ella. La pereza, no tuvo ganas de moverse, y se quedó tras el tronco en el que contaba la locura. La imprudencia, se subió a una pequeña rama sin tenerenl cuenta el peligro.

                El amor, astuto, se tumbó en el suelo y se tapó con unas hojas.

                La razón, sopesó las distintas posibilidades, y encontró cobijo en un hueco oscuro que había en una roca.

Por su parte, la envidia, pendiente de lo que hacían las demás, perdió tanto tiempo que para cuando la locura terminó de contar, ni siquiera había encontrado un lugar donde esconderse y fue la primera en ser descubierta.

A continuación la locura descubrió a la candidez,  a la pereza, y a la imprudencia que cayó de la rama,  y después,  a la razón. Pero no conseguía encontrar al amor que permanecía inmóvil y paciente en su perfecto escondite.

Entonces, la envidia, rabiosa por haber sido descubierta la primera y que el amor ganase el juego, le sugirió a la locura, que cogiese un rastrillo y pinchase entre el montón de hojas en el que sabía que estaba escondido el amor.

La locura, sin preocuparse de las consecuencias que aquello podría tener, clavó los pinchos con todas sus fuerzas en el lugar que estaba escondido el amor, con tan mala surte, que los dientes del rastrillo se clavaron en los ojos de este, dejándole ciego.

La locura, se sintió desesperada por lo que había hecho, y decidió desde entonces, que en penitencia, siempre llevaría al amor de la mano para guiarle.

Durante algún tiempo, el amor y la locura siguieron juntos su camino, pero, alguien me contó, que el amor, a veces cansado de tanta sinrazón, decidió, de vez en cuando tener una amante, y para ello, eligió a la razón.

Que tengan buena semana…

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